Titulo gastón ugalde

MARCHA POR LA VIDA
Carlos Villag�mez

La vida es un tejido de infinitas l�neas y colores, de infinitas vidas y muertes, es en suma un armaz�n de nudos personales, de tramas familiares y de urdimbres sociales. En cada recreaci�n del acto de tejer que realiza el hombre logra un acto espiritual: transformar su existencia; desviando o entrelazando los hilos, el ser humano crea su propio modelo dentro de los �espacios profanos y sagrados de la organizaci�n y de la vida cultural�. Un acto m�gico y banal a la vez, un acto religioso y utilitario que acompa�a al hombre desde �pocas remotas.
El tejido ha sido y ser� por mucho tiempo m�s, el arte cumbre de las culturas andinas. Una mezcla de talento manual y sensibilidad art�stica, plasmada iconograf�as ancladas en nuestra cosmovisi�n ha logrado esta realizaci�n cumbre del g�nero humano. Objeto utilitario y de rito, el tejido acompa�a al aymar� en todos los actos cotidianos pedestres o religiosos en sus diversos formatos, colores y dise�os. Un formato de ellos, las mantas o ��., tan propias de nuestros pueblos ind�genas fue apropiado y con ello resignificado, como un vehiculo portador de m�ltiples mensajes, como una obra del arte boliviano contempor�neo.
Gast�n Ugalde el artista trashumante decide, para esta versi�n de la Bienal de Venecia, anudar su obra �Marcha por la Vida�. La obra como todo tejido art�stico, es una obra en proceso, un transcurso est�tico que interpela desde el a�o 1992. Es un enorme patchwork de originales mantas ind�genas bolivianas, extra�das de sus contextos familiares, que representan nuestro interminable andar por la vida y sobre todo nuestro interminable vaiv�n pol�tico, esa marcha permanente por la liberaci�n cultural y espiritual de los pueblos ind�genas en Bolivia. La obra, extendida en toda su magnitud, recorri�, adem�s de los Andes bolivianos, ciudades como Nueva York, Santiago de Chile, Buenos Aires, Washington, �msterdam, La Haya, Berl�n, Puerto Alegre, Asunci�n y los desiertos del Per�, Chile y Argentina. Ahora Ugalde decide poner un lazo, un gesto sedentario, una metaf�rica par�lisis al transitar de la obra por el mundo, un violento movimiento circular a la horizontalidad de las tramas y a la verticalidad de las urdimbres. El tejido cambia de significaci�n: deja de envolver personas y movimientos sociales para, ahora, cerrar un ciclo.

El gesto clausura la potencia expresiva del cobijo, del abrazo, para anudar las marchas por la vida hacia una visi�n c�clica de nuestra historia. Aquellas mantas que sirvieron para abrazar a los amantes en el rito del amor y de la regeneraci�n de la vida; aquellas mantas-mortajas que guardaron celosamente y con infinito apego el cuerpo del familiar muerto en los m�ltiples octubres de nuestra memoria pol�tica; aquellos envoltorios del comercio y el intercambio infinito de los frutos de la madre naturaleza, de nuestra �Pachamama� , es el lienzo de nuestro actual fundamento est�tico: un ciclo cerrado, un nudo antimodernista con colores de tierra. No es el arte objetual desarrollado sobre los recursos inagotables de comunicaci�n de nuestros �quipus� incas, es el vehiculo polifac�tico de c�digos expresivos, de recuerdos y nostalgias, de reminiscencias t�ctiles y olfativas que ahora se recrean, m�s que nunca.

Es un nudo de significado potente; pertenece al g�nero de los enormes lazos, aquellos capaces de envolver evocaciones animistas y remembranzas materiales. Pertenece a esos nudos po�ticos que, a decir de Jorge Eduardo Eielson, son: �nudos enormes� nudos que no existen� pero que resisten y resisten�.